“The Gentle Barn,” una historia de amor

La vi.
Me vio.
Corrí emocionada hacia ella.
La abracé fuertemente.
Y ella me saludó con un ‘muuuu.’

Su nombre es Madonna, una vaca que pesa 700 kilos de pura felicidad por tener una segunda oportunidad en la vida.

“En ‘The Gentle Barn’ (El Establo Gentil) nos enfocamos en los inocentes. Proveemos el espacio y las condiciones para que, tanto los niños como los animales recuerden que son importantes.” 

Ellie Laks (fundadora)

Mi amiga Heidi me había hablado de este lugar y yo moría por conocerlo. Un domingo en la mañana finalmente fuimos.

‘The Gentle Barn’ se encuentra en Santa Clarita, CA, muy cerca de Los Angeles. En un terreno de 3 hectáreas hay caballos, vacas, chivas, borregos, puercos, guajolotes, gallinas, perros, gatos, personas y un pavorreal conviviendo en armonía. 

La misión de Ellie Laks y su equipo, es rescatar animales de situaciones de abuso de cualquier tipo, rehabilitarlos tanto física como emocionalmente, y darles un hogar permanente para que puedan vivir el resto de sus vidas en un espacio seguro y lleno de amor.

La rehabilitación puede tomar cualquier cantidad de tiempo, desde semanas hasta años, dependiendo de diversos factores, por ejemplo: el tipo de abuso al que el animal fue sometido, el nivel de su trauma y su capacidad de respuesta ante el tratamiento.

Pero en ‘The Gentle Barn’ no hay prisa; cada quien sana a su propio ritmo.

Una vez que los animales se han rehabilitado (y se sienten seguros para convivir con otros animales y personas), entonces ellos ayudan con su ejemplo y amor a rehabilitar a grupos de niños que también han sido víctimas de terribles injusticias. Además, todos los domingos se abren las puertas al público para que cualquier persona los pueda visitar.

Ese domingo yo llegué sintiéndome triste por una reciente ruptura amorosa, pero pronto, la magia de este lugar me empezó a transformar.

La inocencia, la chispa y la libertad de espíritu de los animales hicieron que mi corazón sonriera.

La historia de Madonna, la vaca, me conmovió profundamente. A pesar de haber sido terriblemente maltratada por las personas que la tenían, gracias a la ayuda de muchos, ha logrado volver a confiar en los humanos como si nunca la hubieran lastimado. Ahora es una presencia de alegría y amor puro.

Visitar este lugar fue apasionante. Estas son las lecciones más importantes que aprendí:

La compasión es la mejor terapia

Después de que las personas o los animales han sido maltratados, es muy común que reaccionen de manera agresiva, incluso ante quienes desean ayudarles. Esto es un mecanismo de protección y supervivencia que poco, o nada, tiene que ver con la persona hacia quien se dirige la agresión. La realidad es que ellos están reaccionando a su pasado, a su dolor y a sus miedos. 

En este tipo de situaciones, si uno quiere ayudar, lo peor que puede hacer es juzgarlos, ya que el juicio aumenta el miedo y por consecuencia, la necesidad de defenderse. 

La compasión es la respuesta, y las personas que trabajan en ‘The Gentle Barn’ lo saben. 

Cuando alguien llega a este lugar con una actitud nociva, en vez de regañarlo/a o castigarlo/a, se le trata con compasión, paciencia y cariño. De esta manera, con el tiempo, ellos vuelven a sentirse seguros, a confiar y son capaces de volver a amar.

Quiero aclarar que sentir compasión es muy diferente a sentir lástima. Cuando uno siente lástima hacia otro ser es que lo está viendo como inferior. Por el contrario, cuando sentimos compasión por alguien, es cuando reconocemos algo de nosotros mismos en ese ser y nos conectamos con su sufrimiento desde una posición de igualdad, recordando que así como nosotros hemos tenido la capacidad de superar cosas difíciles en nuestras vidas, ellos también tienen esa fuerza dentro de si mismos. Solo necesitan recordarlo.

El lenguaje del amor es universal

No importa si eres vaca, caballo o persona, el amor que todos compartimos es el mismo y su expresión no tiene barreras de idioma, ni de ningún otro tipo. El amor se transmite a nivel energético. El amor se siente. 

El amor es nuestra naturaleza, es lo que somos sin todos los condicionamientos sociales, sin los miedos y sin las barreras que construimos a nuestro alrededor para “protegernos”.

Juntos somos más fuertes 

Tanto los animales como los niños que llegan a rehabilitarse en ‘The Gentle Barn’, necesitan un equipo que los acompañe y los apoye en el proceso. Nadie sana en solitario; nos necesitamos unos a otros para ser más fuertes.

Los humanos y los animales tenemos un deseo innato de conexión tan profundo, que numerosas investigaciones científicas han demostrado que los seres, de cualquier especie, que han sido confinados a vivir aislados, tienen mucho menor probabilidad de sobrevivir que incluso los que han sido torturados. Esto es porque a nivel subconsciente, recibir atención negativa es mejor que ser ignorado.

Sin embargo, pareciera que como sociedad hemos olvidado lo importante que es la conexión y la colaboración. En las últimas décadas se ha puesto tanto énfasis en la independencia, que a menudo se nos olvida qué tan interdependientes somos. Es tiempo de recordarlo.

¿Qué pasaría si nos ocupáramos más del bienestar común que de nuestros propios intereses?

¿Qué pasaría si en vez de juzgar hiciéramos un esfuerzo consciente por aumentar nuestra compasión hacia los demás?

Creo que seríamos mucho más felices y contribuiríamos a la felicidad de todos los que nos rodean.

Gracias Ellie Laks por tu contribución y ejemplo.

Si quieres conocer más acerca de Ellie Laks y ‘The Gentle Barn’ visita: www.gentlebarn.org